PILATES

 

Creado por Joseph H. Pilates a principios de los años 20 del siglo pasado, el método Pilates es un conjunto de ejercicios cuya finalidad es la de ejercitar el cuerpo y la mente, ya que mediante su práctica, además de mejorar nuestra condición física global pero sobretodo la de la columna, la flexibilidad en general, y la buena postura aumentamos nuestra capacidad de control y concentración. De hecho, también es conocido con el nombre de ‘Contrología’.

 

A través de la combinación de los 34 ejercicios básicos y sus variantes que dan vida a más de 500 ejercicios en ellos se trabajan ángulos anatómicos y palancas fisiológicas concretas. Forman parte del grupo de ejercicios anaerobicos, es decir, aquellas actividades físicas que se realizan de forma breve y que se basan, fundamentalmente, en la fuerza y se han de realizar siempre al compás de la respiración, estando totalmente concentrado en los movimientos que se realizan.

 

Su objetivo principal no es la quema de calorías, sino reforzar la musculatura y aumentar el control, fuerza y flexibilidad de nuestro cuerpo. Aunque, como todo ejercicio físico, supone un aumento en el gasto energético y, por tanto, también contribuye a mantener un peso equilibrado.

 

Los seis principios esenciales de este método son: control, concentración, fluidez, precisión, respiración y centro. Precisamente, con este último principio, el Pilates hace referencia a una zona concreta del cuerpo denominada centro de fuerza, o CORE que también se conoce como mansión del poder. Dicha zona la conformarían los músculos abdominales, la base de la espalda y los glúteos y la intención es que, a través de su fortalecimiento, se ejerciten el resto de partes del cuerpo con mucha estabilidad y seguridad para la columna mejorando notablemente la postura.

 

La mayoría de los ejercicios se realizan mediante una serie de movimientos suaves y lentos y con la ayuda de aparatos diseñados específicamente para esta disciplina. En todos y cada uno de estos movimientos controlados se intenta conseguir la mayor precisión posible a través del control de la respiración, la correcta alineación de nuestro cuerpo y, por supuesto, la concentración. De esta manera se evitan gestos violentos o incontrolados que puedan ser agresivos para el organismo.